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MONSIEUR D’HONDT NO LE HA ROBADO LA MAYORÍA ABSOLUTA AL PP

 Artículo publicado en el Diario de Sevilla y los otros nueve periódicos del Grupo Joly       

     Como se ha escrito ya unas cuantas veces, la victoria del PP en Andalucía ha sido amarga porque su 41,60% de votos y sus 53 escaños han sido insuficientes para repetir la mayoría absoluta de junio de 2022 (43,11% y 58 escaños). Lógicamente, tanto los especialistas como los aficionados a la política se han puesto a analizar las causas de este retroceso; pues, como en el fútbol y en los toros, mucha gente se siente preparada para expresar su opinión. Yo nada diré de los motivos sustantivos, pues no me siento suficientemente preparado para afirmar si algunas sombras del Gobierno de Juanma Moreno le han podido pasar una ligera factura, como la mediocre gestión de la sanidad pública o la corrupción de algunos dirigentes populares en Almería. Sí que me atrevo a opinar sobre los efectos del sistema electoral en el resultado final.

    

             Empecemos por un aspecto muy fácil de entender, como es la participación electoral: no hay ninguna duda de que si el porcentaje total de votos del PP en 2026 es inferior al de 2022 (41,60% frente a  43,11%) también su porcentaje de escaños debe disminuir. Sin embargo, algunos tertulianos de radio y televisión y muchos de Twitter no lo han considerado tan claro, afirmando sentirse “sorprendidos” de la pérdida de cinco escaños porque el número absoluto de votos del PP pasó de 1.589.272 en el 22 a 1.735.819 este año. El error -estoy seguro de que es bienintencionado- de esta sorpresa se descubre recordando que no deben compararse números absolutos, sino porcentajes: como demuestra el cuadro número uno, mientras el número total de votantes se ha incrementado en un 113,14%; el de votantes del PP solo lo ha hecho en un 109,22%.

 

CUADRO NÚM. 1.  Evolución comparada de participación y voto

elecciones

2022

%

2026

%

Votantes

3.728.155

100,00 %

4.218.032

113,14 %

PP

1.589.272

100,00 %

1.735.819

109,22 %

PSOE-A

888.605

100,00 %

947.713

106,65 %

Vox

493.932

100,00 %

576.635

116,74 %

Adelante

167.969

100,00 %

401.732

239,17 %

Por Andalucía

281.688

100,00 %

263.615

93,58 %

 

Luego no hay sorpresa sino simplemente que el PP no ha conseguido incrementar su base electoral al ritmo que lo ha hecho la participación (igual que el otro partido que ha perdido diputados, el PSOE). De esa forma, se mantiene en Andalucía la correlación entre participación y voto en esta década del siglo XXI que ya se había observado en las elecciones de los últimos cuatro años: el PP obtiene sus mejores resultados cuando la participación es baja (autonómicas de 2022 y europeas de 2024), mientras que su ventaja se reduce de forma considerable cuando aumenta la participación (locales y generales de 2023 y autonómicas de 2026).

 

          Pasemos ahora a analizar la incidencia del sistema electoral en el número de diputados obtenido por cada partido. Según algunos comentaristas, el PP se ha visto perjudicado por la existencia de varias circunscripciones pequeñas y por “la caprichosa fórmula D’Hondt”. En realidad, en las elecciones andaluzas no es técnicamente correcto señalar que hay circunscripciones pequeñas, porque Huelva y Jaén, las dos provincias que menos escaños eligen, eligen once diputados; bastantes más de lo que los especialistas -como Dieter Nohlen y, entre nosotros, José Ramón Montero y Juan Montabes- consideran una circunscripción pequeña, que es aquella que elige cinco o menos escaños.

 

Pero para cumplir los estrictos límites de un artículo de prensa, la forma más rápida de comprobar quién ha sido perjudicado y quién beneficiado por el sistema electoral es comparar el porcentaje total de votos y el porcentaje total de escaños. Lo que nos muestra el cuadro número dos es justo lo contrario de lo que algunos están defendiendo con tanta convicción como escasa reflexión: el principal beneficiado de estas elecciones ha sido el PP. O mejor dicho, el partido más votado, porque en las once primeras elecciones autonómicas esa prima de mayoría se la llevó el PSOE, por la misma razón que en estas -y en las de 2022- ha sido el PP y que no tiene nada que ver con la ideología, sino con la posición de cada partido: el sistema tiende a beneficiar al primer y al segundo partido con más votos, mientras perjudica a las fuerzas que quedan relegadas a posiciones intermedias o minoritarias.


Cuadro núm. 2. Relación entre votos y escaños

Partido

Votos

% V

Escaños

% Esc

PP

1.735.819

41,60 %

53

48,62 %

PSOE-A

947.713

22,71 %

28

25,69 %

Vox

576.635

13,82 %

15

13,76 %

Adelante

401.732

9,62 %

8

7,34 %

Por Andalucía

263.615

6,31 %

5

4,59 %

SALF

105.761

2,53 %

0

0,00 %

Otros

180.300

4,31 %

0

0,00 %

TOTAL

4.211.575

100 %

109

100 %

 

 

Así las cosas, si se quiere que el sistema electoral beneficie al partido más votado, de tal forma que pueda desarrollar su programa electoral sin pactar con nadie, los cambios que hay que hacer no son para aumentar su proporcionalidad, sino justo lo contrario, darle un sesgo mayoritario: aumentar el número de circunscripciones para que disminuya el número de diputados que eligen cada una (como en las elecciones generales), reservar varios escaños para atribuirlos al partido más votado (sistema griego), incrementar la barrera electoral para que los partidos más pequeños no entren en el reparto (como en Canarias), etc.

 

Dejando ahora al margen los problemas constitucionales que eso podría tener (por ejemplo, la provincia es la circunscripción autonómica por mandato del Estatuto), me atrevo a dar un consejo no ya a los precipitados opinadores que buscan encontrar debajo del sistema electoral por qué el PP ha perdido la mayoría absoluta, sino a los legisladores que con más calma se dispongan a modificarlo: mucho cuidado con el sistema que diseñéis para beneficiar al partido de vuestros amores, no ya porque un mal análisis puede llevar a unas malas reformas -como un diagnóstico errado puede empeorar el estado de un paciente- sino porque los cambios en el sistema electoral que ahora pueden beneficiar al PP,  en el futuro pueden volverse contra él. Basta con que el electorado altere el orden de sus preferencias. Porque Victor D’Hondt no tenía ideología: su sistema simplemente premia a quien gana y castiga a quien se fragmenta. Y eso vale hoy para el PP, exactamente igual que ayer valió para el PSOE.


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