Artículo publicado en EL ESPAÑOL el sábado, 1 de agosto de 2026 * En mis tiempos, lo progresista era descubrir qué se escondía detrás de una ley. Ya no: adiós al control de la arbitrariedad del legislador . Imaginemos un proceso penal cualquiera. Tras varios días de juicio oral, el tribunal ha escuchado a decenas de testigos y peritos, ha examinado abundante documentación, ha visionado grabaciones y ha oído los informes del fiscal, de las acusaciones y de la defensa. Finalmente, el acusado hace uso de su derecho a la última palabra. Supongamos que ese acusado se llama José Luis Ábalos. En unas pocas líneas proclama su inocencia, sostiene que nunca ha cometido delito alguno, denuncia que está sufriendo una «pena anticipada» y afirma que el proceso responde más a intereses políticos que a razones jurídicas. Sigamos imaginando: tres semanas después, el Tribunal Supremo dicta sentencia. En ella reconoce que durante el juicio se han incorporado numerosos elementos probatorios ...
Ideas y divagaciones de Agustín Ruiz Robledo.